Capítulo 34 – Castillos…
BPOV
El mundo giraba
vertiginosamente a mi alrededor, se me nublaba la vista y sentía el temblor de
mis rodillas, si no fuera por esas manos que me sostenían perfectamente me
habría ido de bruces al suelo.
-¿Bella te
encuentras bien? – la imagen de Edward tapo la visual de la casa de mis sueños,
sobreponiéndose el hombre de mi vida. Era consciente de que debía responder,
que deseaba responder, pero la potencia de mis sentimientos y el golpeteo de mi
corazón, me impedía formular esa sola afirmación. Cuando las lágrimas colmaron
mis ojos y se deslizaron por mis mejillas pude ver con algo más de claridad la
hermosura de mi hombre, con una fuerza desconocida alce mis manos y rodee su
cuello.
-¿Lo dices
enserio? – lo mire directamente a los ojos, él se acomodó para tomar mi rostro
entre sus manos.
-Nunca en mi vida
he estado más seguro en algo – sus pulgares secaron mis lágrimas – te amo
Isabella Swan quiero pasar el resto de mi vida contigo.
-Yo igual Edward
– susurre – También quiero una vida junto a ti – me miró fijamente con el
rostro entre sus manos.
-Te prometo… no, te
juro Bella, que me desviviré por hacerte feliz, por darte la vida maravillosa
que te mereces, por cumplir con todos tus sueños…
-Lo sé amor –
acaricie su mejilla suavemente – Ya lo haces, me haces feliz- nos besamos
suavemente por varios minutos, termine de nuevo apoyada en su pecho - ¿me
explicarías el resto de la sorpresa? – susurre y él me abrazo lleno de
sentimientos, ambos extasiados de amor y de un futuro prometedor. Caminamos
lentamente hasta la puerta de entrada de la casa, tomados de la mano.
Recorrimos todo
el primer piso maravillándome completamente por la perfección de nuestro futuro
hogar, doblemos por el amplio espacio del comedor hasta el pasillo que daba a
la cocina, una estancia enorme donde perfectamente disfrutaríamos en familia.
-¿Te gusta? –
Edward me abrazo por la espalda
-Me encanta Edward,
es la casa de mis sueños – le respondí mirando todo embelesada y llena de
emociones.
-De nuestros
sueños amor – me extendió la mano y apago el interruptor guiándome al segundo
piso – hay cinco habitaciones, esta es la principal, la de Noah está a nuestra
derecha podemos dejar la del final para visitas, está es nuestra habitación.
-¡Wow! – jadeé
dando un paso hacia el cuarto – Es verdaderamente espectacular Edward – camine
hacía el ventanal que daba a una hermosa terraza dejando una vista hermosa
hacía el jardín y la piscina.
-Tus expresiones
me fascinan – me volví a mirarlo
-Es abrumador,
todo es tan perfecto – dio dos pasos hasta llegar a mi lado, tomando mi mano.
-Eres mi única –
deslizó en mi dedo un hermoso anillo con pequeños diamantes incrustados,
pestañe rápidamente asimilando y levante la vista para perderme en esos ojos
esmeraldas – Te amo.
…
Cerré la puerta
del estacionamiento y apoye la espalda aun agobiada por todos los
acontecimientos de la noche y esta mañana ¡Estaba comprometida! ¡Con Edward
Cullen! Suspire pesadamente y volví a mirar mi mano, como lo venía haciendo
cada cierto rato desde anoche.
Subí hasta mi dormitorio,
sin encontrarme con nadie, lo que me pareció raro, Alice y Jasper siempre eran
madrugadores.
Me fui directo a
mi laptop, tenía miles de correos pendientes y actualizaciones que enviarle a
Emily, entre la universidad, mi vida personal y el ir y venir del departamento
de Edward no me dejaba mucho tiempo para hacer otras cosas.
-¿Quieres un
café? – me di vuelta para ver a Alice
somnolienta cubierta con su bata. Mire la hora y había estado casi una hora y
media en el computador.
-¿Bueno? – me
desconcertó, cuando se dio la vuelta cerrando la puerta tras de ella, me
levante y camine a mi vestidor en busca de mis implementos de yoga, cuando ella
entro y se sentó en la silla que anteriormente ocupe - ¿Todo bien amiga?
-Sí – afirmó –
sólo que anoche me desvele con Nick y después me costó quedarme dormida, Jasper
también se quedó despierto ayudándome.
-¿Qué le paso? –
le pregunte tomando la taza que dejo sobre mi escritorio
-Tenía fiebre,
llame al pediatra y me explico que es por la vacuna – asentí volviéndome a
tomar la ropa de yoga y cambiarme, mientras Alice me miraba.
-¿Dónde fueron
anoche después del baile? – me mordí el labio acomodándome la coleta.
-A ver nuestra
futura casa – espere los gritos pero al parecer Alice no despertaba del todo.
-A qué bueno… -
de pronto se quedó callada y me volví a mirarla - ¿Dónde? – pregunto una octava
más alto que lo habitual.
-Edward me llevo
a conocer nuestra casa – extendí mi mano para dejarla a la altura de su cara –
la que viviremos cuando nos cacemos.
-¡QUE! ¡¿Te lo
propuso y no me dijo nada?! – me reí, esa era una reacción propia de Alice,
tomo mi mano y reviso el anillo - ¡Te entrego el anillo de la abuela! – me
quede pasmada y la sonrisa desapareció de mi cara.
-¿Cómo que el anillo
de tu abuela? – mi corazón martillo en el pecho - ¿Es una reliquia de familia?
-Claro, ¿él no te
lo dijo? este es el anillo de abuela Elizabeth, ella lo dejo en herencia al
primogénito de papá, es decir a Edward, pero pensé que él se lo había dejado a
Esme – de pronto su cara se iluminó
-Lo dices en
serio
-Claro que sí
amiga – finalmente me abrazo apretándome – estoy tan feliz Bella, se te ve tan
feliz y Edward ha cambiado tanto desde que están juntos.
-Nos amamos y
queremos ser una familia junto a Noah.
-Felicidades – me
soltó para brincar alegre como siempre - ¿Quién organizara la boda? ¿Pusieron
fecha? ¿Qué tienes en mente? ¿Has pensado en el vestido? ¿Clásico o
vanguardista? ¡Ah! tengo que llamar a mamá ella puede reservar la catedral de
Saint Patrick - en ese momento la
detuve.
-¿Catedral? Estas
loca– Alice asintió caminando hacia la puerta - ¡Espera! – se detuvo con la
manilla en la puerta – Sólo tú lo sabes por ahora, Edward quiere comunicarlo en
el almuerzo de mañana y por favor no te pongas como loca Alice, no sabemos aún
como queremos casarnos.
-Isabella Marie
Swan ¿Cómo que no sabes cómo quieres casarte?
-Alice, este es
el segundo matrimonio para ambos, no es necesaria tanta parafernalia.
-Amiga, esos
anteriores no cuentan, así que déjame ser feliz por favor – al final me reí y
salí con ella hasta el pasillo.
-Bueno, creo que
esa es la labor de la madrina ¿no crees?- sus ojos se iluminaron y me hicieron
quererla un poco más, aunque este loca de remate.
-Te adoro – me
beso la mejilla y se metió en su cuarto.
El día estaba
soleado con una suave brisa, estire mi carpeta sobre el pasto cerca de la
piscina y comencé a concentrándome con los ojos cerrados y acompasando mi
respiración. La exquisita sensación de bienestar embargo mi pecho. Tome la postura
de Adho Mukha Svanasana inclinando suavemente mi cuerpo hacia delante y avanzado
la mano izquierda hasta quedar ligeramente inclinada apoyando el borde externo
del pie izquierdo en el piso tan suave y con movimientos coordinados, cuando
quise volver a la postura inicial para hacer el ejercicio a la inversa, el
tirón en mi vientre me dejo sin aire, volví a la postura central, para hacer
una estiramiento leve y ponerme en la postura del niño, que relajo el dolor
abdominal.
-Te ves
nerviosa – me dijo Edward mientras conducía camino a casa de sus padres.
-Más
que nerviosa, estoy ansiosa – me mordí el labio y el tomo mi mano
-¿Por
qué? Esto es algo entre los dos, no entiendo porque sientes que debes tener la
aprobación de los demás – frunció el ceño en el momento que acelero.
-No es
la aprobación amor, sino que por primera vez me enfrento a esto realmente.
¿Crees que Esme y Alice podrán hacer todo en estos dos meses?
-Bella
– me miro por un minuto para volver la vista a la calle – Alice dejaría de ser
Alice si no tiene todo listo ya – ambos nos reímos.
-Tienes
razón – nos quedamos callados por varios minutos, yo por mi parte meditando lo
que se avecinaba, la verdad es que temía la reacción de Rosalie, que si bien ha
dejado hostigarme con el asunto de Charlotte, sabía que esto debilitaría aún
más nuestra amistad.
Cuando
llegamos a casa nos esperaban para pasar al comedor, como siempre los almuerzos
dominicales eran una espacio fabuloso para compartir en familia, y era una herramienta
infalible para Esme y Carlisle de conocer y saber en que estaban sus hijos, que
si bien cada uno tiene su propia historia, ellos nunca dejan de ser padres. Es
un maravilloso modelo de crianza, me encantaría ser aunque sea una parte de lo
buena madre que es Esme, que también tiene un poco de ese amor maternal para
mí.
Alice
estaba más ansiosa que yo, acá cierto rato nos daba miradas alentadoras, pero
yo sabía que el mejor momento sería una vez terminada la comida, y aún faltaba
para que nosotros pudiéramos hacerlo, ya que primero comían los bebes.
Era
increíble lo rápido que crecían si bien Nick y Noah tiene apenas unos días de
diferencia, se hacía notar que Noah es prematuro, siempre es más pequeñito y a
pesar que nos preocupamos de estimularlo, Nick es más despierto, por eso lo amo
más a mi pequeño Noah, necesita tanto del amor de una mamá… y yo estaba dispuesta a darle todo y
mucho más con tal que sea feliz.
-¡Bella!
– Salí de mis cavilaciones - ¿Por qué estás en las nubes hija? – me pregunto
Esme, acercándome la bandeja con carne para que me sirviera – sólo le sonreí,
sin decir nada, de reojo, mire a Rosalie, pero ella estaba ocupada cortando la
carne de Emma.
El
almuerzo como siempre perfecto, el único problema era el nudo que sentía en mi
estómago, porque no quería que esta hermosa y fabulosa noticia empañara con
momentos incomodos la relación de Esme y sus hijos, sólo rogaba internamente
que Rosalie no tomé parte y pueda morder su lengua antes de destilar toda ese
odio que tiene hacia Edward.
Pasamos
a la terraza para disfrutar del aire veraniego, tomamos unos refrescos mientras
Esme nos regaloneaba a un más con una exquisita ensalada de frutas.
Me
senté en el suelo balanceando lentamente a Noah que se reía cada vez que se
alejaba y volvía a mí estirándome sus brazos.
-Bella
– suspire al sentir sus exquisitos labios en mi cuello, Edward se sentó a mi
lado, mirándonos alternadamente a Noah y a mí – Estaba pensando – lo mire
cuando acomodo un mechón de mi pelo detrás de la oreja – Que podríamos casarnos
a fines de noviembre ¿Qué te parece? – mire sobre mi hombro y la familia estaba
dispersa en los sillones disfrutando del día.
-¿Te
gustaría a ti? – él me miro condescendiente lanzado una de esas sonrisas que me
hacen tiritar.
-Nada
me haría más feliz – me susurro en el oído
y yo le sonreí – para esa fecha nuestra casa estaría lista, con los
últimos detalles y si dejas todo en manos de Alice, que de seguro no te dejara
hacer nada, podrás ver los detalles de la decoración, como quieras que sea
nuestra casa.
-Te amo
Edward – bese sus labios fugazmente, porque él se levantó de mi lado y tomo a
Noah en brazos, me quede pasmada en el mismo lugar hasta que me tendió la mano
para ayudarme a levantar - ¿Qué haces? – nos acercamos a la familia y Edward me
tomo de la cintura.
-Bella
y yo nos vamos a casar a fines de noviembre – abrí los ojos, sabía que lo iba a
hacer, pero me pilló de sorpresa.
-¡Lo
sabía! – Gritó Esme mirando a Carlisle - ¡Te dije que era el anillo de tu madre!
– Carlisle se puso de pie, seguido por Esme para abrazarnos - ¡Los quiero tanto
hijos míos! – Lloriqueo Esme besándonos en la mejilla y tendiendo los brazos
para Noah.
-Felicitaciones
a ambos – nos dijo Carlisle – Eran ustedes dos desde el principio, pero la vida
es misteriosa, lo importante es que sean felices desde ahora porque se lo
merecen - irremediablemente me emocione.
-Gracias
padre – Ambos se palmearon la espalda y Carlisle acaricio mi mejilla a lo que
lo termine abrazando fuertemente – cuando me separe del padre de mi novio, me
fije en la persona que me había tenido preocupada todo este tiempo, pero ella
estaba indiferente aun sentada en el sillón ojeando una revista…
- ¡Ahora
me toca a mí ser el padrino! – le dijo Emmett a Edward, volviendo la atención
hacia ellos – Jasper trajo mala suerte, yo soy el ideal – infló su pecho y
estiro su gran brazo para rodearme.
-Emmett,
es hora de irnos – Rosalie se pudo de pie, ignorándonos.
-Osita…
- Emmett se puso serio mirándola directo a los ojos - ¿no podrías ceder un
poco?
-No –
se volvió al jardín para llamar a Emma – Si te quieres quedar hazlo, pero yo no
seré participe de esto – me miro de pies a cabeza, destilando todo su veneno,
por lo que me moleste de verdad, ya sabía yo que Rosalie era una arpía cuando
alguien o algo se atravesaba, pero ya me canse.
-Podrías
dejar de destilar veneno Rosalie – dio dos pasos para quedar frente a mí,
riéndose mostrando toda su cínica artillería.
-Felicitaciones
Bella – me abrazo y sentí como los demás se quedaban callados – estaré ahí
Bella, para recoger lo que queda de ti después de todo esto, y para recordarte
cuantas veces te advertí – me quede helada por sus palabras, que sonaban a un
maldición, ella esbozo la sonrisa más cínica que he visto en mi vida, pero sus
ojos estaban acuosos. La vi tomar a Emma en brazos y entrar al pasillo sin
despedirse.
-Perdónala
– no pude controlar mis sollozos, sus palabras fueron tan duras para mí, que
apenas distinguí la voz de Emmett.
-Mi
amor… – sentí que era guiada y me sentaban en un sillón – Bella – Al cabo de un
rato me enfoque en Edward que me miraba preocupado, pero en el verde iris de
sus ojos había odio puro, me aferre de su camisa con fuerza - ¿Qué te dijo
Rosalie? – respire profundo y me deje caer en su pecho aun agarrando su camisa
y me desmorone.
…
-¿Tienes
muchos amigos? – le pregunte a Edward bajando del coche
-Pocos,
él es de los incondicionales, Jasper y él eran mis camaradas en la universidad
– asentí divertida tratando de imaginarme a Edward rebelde pero no encajaba.
-¿Cómo
eras en la universidad? - me miro
divertido, mientras abría para mí la mampara de la entrada al edificio donde
vivía su amigo Demetri.
-Estudioso,
pero no dejaba de vivir por ello, tenía las ideas claras, no era ni nerd y un
perdedor fiestero – acciono el botón del ascensor y nos metimos dentro –
mujeres me sobraban – dijo divertido y yo fruncí el ceño golpeándole el hombro
por lo que el rió – me encantas celosa, pocas veces te pones así.
-Idiota
– le dije justo cuando se abrió la puerta del departamento dejando ver aún
sonriente rubio.
-Tienes
toda la razón Isabella – apunto a Edward – esté es el mayor idiota del mundo –
me sonroje quedándome ahí cuando él se apartó para dejarnos entrar y Edward lo
miro enojado.
-Demetri
– su voz filosa me hizo reaccionar, pero su amigo no hizo más que reírse, y se acercó
a mí para mirarme con expectación.
-Isabella,
eres muy hermosa, no te preocupes con Edward somos así siempre- tomo mi mano y
la estrecho cálidamente - ¡Vamos Vicky nos espera junto a los demás! – se adentró
en el departamento y Edward me tomo el rostro entre sus manos.
-Perdona,
pero Demetri es un caso, no le creas ni
la mitad de lo que dice – sonreí por la expresión de Edward, relajándome.
Salimos
a la terraza del departamento, la vista era espectacular, las luces de la
ciudad comenzaban a aparecer y el viento tibio lo hacía mucho más
reconfortante.
Finalmente
conocí a la prometida de Demetrí, una chica bastante exótica y divertida, me
hizo reír mucho mientras Edward y los demás compartían, otras mujeres me
miraban de pies a cabeza por la forma en que Edward cerraba su mano en mi
cintura, un acto de posesión inconsciente que a mí me encantaba.
-¿A qué
te dedicas Isabella? – me pregunto Victoria llenando nuevamente su copa con Martini.
-Soy
escritora y doy clases en la universidad de NY
-Eso es
genial… - tomo un largo sorbo de su copa – ¿y todavía no tienes treinta? – yo
asentí divertida – Mayor logro todavía. Salud – choco su copa contra la mía de
champagne y termino su trago, en eso llego Demetri y ella se abalanzo a sus
brazos.
-¿En
que trabajas tú Victoria? – le pregunte
-Yo
soy… una gozadora de la vida – Demetri se rió a carcajada viva y su risa era
contagiosa por lo que le seguí – Es verdad Bella… - vaciló un momento – ¿puedo
llamarte así?
-Claro,
ya somos como amigas – le sonreí y su rostro se iluminó
-Trabaje
durante unos años en un night club, donde conocí a este maravilloso hombre, que
me sacó de ese mundo y ahora me hará su mujer – levanto su copa otra vez y
estampo un beso en los labios de Demetri – como vez, soy una maldita perra
afortunada como en los cuentos de Disney – Edward que había estado apartado
conversando con otras personas, se acercó al vernos tan divertidos.
-¿y tú
príncipe azul que hace para ganarse la vida?
- Demetri me miro y miro a Edward por una fracción de segundos y
respondió.
-Soy
agente encubierto de la CIA – ahora me quede mirándolo y no pude aguantar la
risa.
-Lo
siento… – mire a Edward quien también sonreía - si fueras realmente agente de
la CIA, ¿no sería eso secreto? – Demetri esbozo una gran sonrisa.
-Por
eso lo digo… -me giño el ojo - nunca nadie me cree y se fue con Victoria.
Me
quede mirando por donde se habían marchado pensativa, hasta que Edward me rodeo
por la cintura y me beso tiernamente.
-¿Vamos
a casa? – le sonreí olvidándome todos y asentí, porque siempre en sus brazos
todo era mucho más claro y más perfecto.
…
Abrí el
refrigerador tomando una botella de agua mineral, me pase la mano por la frente
para secar un poco el sudor.
-¿Mi
amor quieres agua? – grité desde la cocina, me reí al escuchar su respuesta
amortiguada, saque otra botella y camine por el pasillo de mi departamento,
bueno lo que iba quedando de él, ya que todo lo mío estaba siendo colocado en cajas,
y aunque contrate un equipo de mudanza igual quería cerrar esta etapa, y Edward
el hombre de mi vida estaba ahí conmigo.
-¿Cuándo
retiraran las cajas para llevarlas a la casa nueva? – pregunto Edward al verme,
se sentó en la orilla de mi cama y me tendió la mano, le pase la botella
divertida al verlo tan relajado, vistiendo unos bermudas beige lejos de esa
parafernalia de hombre serio de siempre.
-Cuando
lleguemos de vacaciones, por eso quería dejar todo listo y ordenado… - me senté
en sus piernas y el me rodeo la cintura – después de las vacaciones Alice se va
a poner peor que ahora, así que prefiero estar enfocado en lo que me pida, para
no terminar estrangulando a mi madrina-mejor amiga.
-Mañana
el vuelo es a las cinco de la tarde – afirme pasando mi mano por su suave pelo
– terminemos con esto que te quieres llevar a la casa de Alice y nos vamos me
muero por una ducha… – levante la ceja y el me sonrió torcido – juntos – miro
hacia la puerta y yo me aleje riéndome porque sabía cuáles eran sus intenciones.
-¡Alice! – grite
desde el pie de las escaleras otra vez, los chicos nos esperaban hace más de 15
minutos para ir al aeropuerto – ¡Vamos atrasados para tomar el vuelo!
-Ya voy… - ¡Acá lo tengo! – levanto el brazo con una
bolsa blanca, mientras bajaba casi corriendo las escaleras.
-¿Qué es lo que
se te olvido? – trate de mirar dentro de la bolsa, pero no me dejo.
-Es una sorpresa
para Jasper – me miro ceñuda cuando cruzamos la puerta del estacionamiento -
¿te pedí que quedaras de niñera una noche?
-No – me pare con
las manos en las caderas – ahora me vienes a decir…
-Bueno ya lo
sabes… pero dile tú a Edward porque no quiero que tenga cara larga todo el
viaje, además es una noche y prometo devolverla cuando Edward te quiera sacar a
pasear por Miami. – Negué con la cabeza rodeando el auto de mi novio para
subirme en el asiento de copiloto.
-Bienvenida
nuevamente – dijo Edward poniendo en marcha el coche, yo le sonreí. Salimos del
portón de la casa de Alice siguiendo el auto de Jasper.
-Estas serán las mejores
vacaciones de mi vida – tome su mano y entrelazamos los dedos con los de él – Te
amo– suspire.
-Hola Mamá,
llegamos bien. – Alice recargo el peso de Nick en su cadera sujetando el
celular con el hombro – si aún estamos en el aeropuerto, apenas lleguemos a la
casa te llamaremos – Dile a Rose que la invitación sigue en pie – se me anudo
el estómago al escuchar a Alice – sí, lo sé – me dio una mirada llena de
tristeza – Bueno mamá, yo les digo – Cortó la llamada, sin mirarme porque sabía
lo culpable que me sentía por el hecho que Rose este enojada conmigo y no
quiera estar en el mismo lugar donde Edward y yo estemos, eso incluía las
vacaciones y comidas dominicales.
-Ya lo va a
entender Bella, no te pongas triste – acomodo a Nick que balbuceaba feliz.
-No me gusta
separar a la familia, lo sabes – le dije sin mirarla – quiero mucho a Rosalie,
pero es demasiado extremista en sus decisiones.
-Te entiendo
–miro por sobre mi hombro - Mejor cambiemos el tema porque ahí vienen los
chicos – Ambos arrastraban carros con el equipaje, mire a Edward quien se veía
tan arrebatadoramente hermoso con su camisa ligera blanca y esos lentes de sol,
y ese dios griego era mío.
Llegamos a una
hermosa casa de dos pisos estilo español ubicado en Coral Gables, todo con ese
tomo amarillo, que combina perfectamente con el sol, los patios con adoquines
rojos y plantas exóticas. Una vez
estacionamos los autos que habíamos arrendado para poder movilizarnos sin
complicaciones en el garaje, entramos a la propiedad donde nos esperaba una
señora del servicio.
-Señores Hale,
bienvenidos – la mujer con acento latino, esbozo una educada sonrisa, mire
divertido a Jasper, mientras Alice se adelantaba hacia la mujer y la abrazaba
-Sara, que bueno
verte de nuevo – se giró y le quito a Noah de los brazos de Jasper – mira es mi
hijo…
-Nuestro – dijo
Jasper rodando los ojos
-Si amor… - la
mujer miro al bebé y lo tomo en brazos, Nick la miro un momento y se recostó en
su hombro – Ellos son… –Alice se volvió
a nosotros sonriendo – mi hermano y mi cuñada, el pequeño es su hijo, Noah – mi
corazón golpeteo por el comentario de Alice, por lo que mire a Edward quien
estaba complacido por lo que su hermana había dicho, él me miro y esbozo un
silencioso te amo.
Nos acomodamos en
una de las suite a la izquierda de la casa, dejando a los niños en el
dormitorio central entre ambas habitaciones, así cualquiera de los cuatro podría
ver a los niños sin complicaciones.
Después de
acomodarnos bajamos a cenar lo que gentilmente Sara nos había preparado.
-El lugar es
precioso – tome la copa de vino blanco que me tendió Jasper - muero de ganas de ir a la playa y disfrutar
un poco del mar.
-Me gusta mucho
este lugar – comento Jasper – con mi padre vinimos un verano, el arrendo una
casa y fue maravilloso, así que apenas pude me compre esta propiedad como casa
de veraneo.
-Es una muy buena
inversión – acotó Edward, cortando su pescado y degustándolo – siempre he
pensado que las propiedades son las mejores inversiones.
-Esta sobre todo
– aclaró Alice – es el regalo de nuestro segundo aniversario – Jasper tomo su
mano y la llevo a la boca para besarla tiernamente.
-Después de cenar
acostamos a los niños con Alice, mientras los chicos terminaban de ordenar la
cocina. Sara trabajaba hasta las 6 de la tarde así que había que dejar todo
limpio y ordenado para el otro día.
Le puse su pijama
a Noah, mi angelito siempre ha sido tan tierno y tranquilo. Mire a Alice que
estaba en la misma labor pero con un inquiero Nick que comenzaba a lloriquear.
-¿Amiga? – de
reojo me miro, mientras calzaba otra vez el pie de Nick en el pijama.
-Dime – mire a mi
Noah que movía sus bracitos en mi dirección, lo tome en brazos para mecerlo
suavemente.
-¿De verdad me
consideras como la madre de Noah? – le pregunte tímida, aun con sus palabras
rondando mi mente.
-Claro amiga,
eres su madre – mis ojos se llenaron de lágrimas – madre no es la que da a luz,
es la que cría, la que ama incondicionalmente, la que está cada vez que sea
necesario. Eso eres tú para Noah.
Me desperté al
sentir frio me gire sobre la cama buscando a Edward pero no estaba, me senté
enfocándome por la nueva habitación, mire hacia las puerta de vidrio, donde las
cortinas ondulaban dejando entrar la brisa que me despertó.
Me apoye en el
umbral sobando mis brazos por el cambio de temperatura, pero lo que realmente
me robo el aliento era ver a Edward
descalzo mirando hacia la playa, sus manos aferraban la baranda, su pelo
se movía suave y etéreo, di un paso en su dirección de forma sigilosa hasta que
mi mamo toco la nívea piel de su espalda. Edward se giró tomándome en sus
brazos.
-¿Qué haces
Edward? – me apoye en su pecho buscando calor
-Sólo pensaba – su
mano acaricio mis hombros descubiertos – lo siento no quería despertarte,
dormías tan placida – sus ojos brillaron a la luz de la luna.
-No me molesta
amor – tirite - ¿no tienes frio? La brisa esta helada – el me abrazo más fuerte
rodeándome con su cuerpo.
-No tengo frío,
contigo en mis brazos jamás tendré frio – alce mi boca para besarlo suavemente,
el amor por fin llegaba a mi vida y me sentía plena, el apoyo mi frente en su
pecho.
-Cada día que
pasa se acerca más el momento en que oficialmente seamos una familia… - suspire
en su pecho completamente feliz, porque era verdad – Es maravilloso amor, tu y
yo juntos por siempre. ¿En eso pensabas?
::::::::::::0::::::::::::::::::
Ahh
el amor, es tan gratificante escribir de este hermoso sentimiento... muchas gracias por todos sus
cariños y comentarios… Las adoro!
Axavenus

